lustración de mujeres de distintas épocas junto a libros y una escritora trabajando en su cuaderno

Mujeres que cambiaron la literatura y por qué seguimos leyéndolas

Hay una escena que se repite en muchas casas: alguien está leyendo, se detiene en una frase y vuelve atrás para leerla de nuevo. A veces la subraya, le hace una foto o se la manda a una amiga acompañada de un «mira esto». La autora no conoce a esa persona, quizá murió hace décadas y nunca habría imaginado cómo sería su vida, pero ha encontrado las palabras exactas para algo que le estaba pasando.

Cuando pienso en las mujeres más influyentes en la literatura, pienso también en esos encuentros. Los premios, las traducciones y el reconocimiento académico ayudan a explicar la importancia de una trayectoria, pero hay otra forma de permanecer que sucede en la intimidad de la lectura, cuando un libro termina formando parte de nuestra manera de entender el mundo.

El Día de las Escritoras es una buena ocasión para volver a algunas de esas mujeres, conocer mejor sus obras y preguntarnos por qué seguimos leyéndolas. Esta selección reúne a autoras de épocas y países diferentes, desde Sor Juana Inés de la Cruz hasta Isabel Allende, con la intención de acercarnos a lo que escribieron y encontrar alguna próxima lectura.

No están todas las que merecerían aparecer. Tampoco creo que exista una lista definitiva, porque la historia de la literatura es demasiado amplia para resumirla en unos cuantos nombres. Sí hay, en cambio, libros que siguen pasando de unas manos a otras y escritoras que cambiaron las posibilidades de quienes vinieron después.

escritor de mapa o brújula

Jane Austen: el amor, el dinero y la libertad para elegir

Jane Austen suele llegar a nuestras vidas rodeada de vestidos de época, bailes y declaraciones que recordamos gracias al cine. Es una puerta de entrada estupenda, aunque sus novelas tienen bastante más que ofrecer cuando nos detenemos en lo que está en juego para sus personajes.

En Orgullo y prejuicio, por ejemplo, el matrimonio está atravesado por cuestiones económicas, familiares y sociales. Elegir pareja puede determinar dónde vivirá una mujer, de quién dependerá y qué seguridad tendrá en el futuro. Austen observa ese mundo con una ironía que permite ver sus contradicciones sin necesidad de explicarlas constantemente, y construye personajes capaces de equivocarse, juzgar demasiado pronto y revisar lo que creían saber. Su obra examina las relaciones entre el género, el poder, la educación y el dinero desde una perspectiva femenina.

Como escritora de novela romántica, encuentro especialmente interesante esa forma de contar una sociedad a través de una historia de amor. La relación entre dos personas puede revelar sus prejuicios, sus miedos y la educación que han recibido, además de poner a prueba lo que están dispuestas a cambiar.

Para acercarse a Austen, Orgullo y prejuicio permite descubrir enseguida su humor y su habilidad para construir relaciones. Conviene leerla prestando atención también a los personajes secundarios, porque en sus conversaciones y decisiones se entiende buena parte del mundo que condiciona a las protagonistas.

Sor Juana Inés de la Cruz: una mujer que quería seguir aprendiendo

Pensar en Sor Juana Inés de la Cruz obliga a recordar algo que hoy puede parecernos elemental: hubo mujeres que tuvieron que dedicar una enorme energía a justificar su deseo de estudiar.

Su Respuesta a sor Filotea de la Cruz permite acercarse a esa defensa de la actividad intelectual y a la importancia que el conocimiento tenía en su vida. En ese texto, la explicación de su trayectoria se convierte también en una manera de sostener su derecho a las letras, tanto al estudio como a la escritura.

Lo que me interesa de esa situación es el desgaste que supone tener que defender una vocación antes incluso de poder desarrollarla. Imaginemos a alguien que quiere aprender, que encuentra placer en leer y hacerse preguntas, pero que debe explicar una y otra vez por qué dedica su tiempo a ello. Una parte de su esfuerzo acaba empleándose en conseguir permiso para hacer lo que otras personas pueden dar por supuesto.

Recordar a Sor Juana por esa defensa no debería alejarnos de su obra poética. Sus sonetos y redondillas permiten descubrir a una autora con ingenio, dominio del lenguaje y capacidad para examinar las contradicciones humanas. Leerla nos acerca a una inteligencia concreta, mucho más interesante que la imagen simplificada de una mujer excepcional a la que admiramos desde lejos.

Virginia Woolf: el tiempo y las condiciones para escribir

Entre las obras que siguen apareciendo cuando hablamos de mujeres y literatura está Una habitación propia, de Virginia Woolf. Su reflexión sobre la independencia económica y la necesidad de disponer de un espacio para escribir conserva una fuerza particular porque nos lleva a mirar las condiciones que hacen posible un libro.

Desde fuera, escribir puede parecer una actividad que cabe en cualquier momento libre. Basta con un cuaderno, un ordenador o una mesa, pensamos. Sin embargo, quienes intentan mantener una rutina de escritura conocen la diferencia entre tener media hora disponible y llegar a ella con la energía necesaria para concentrarse.

Hay días en los que una escena empieza a funcionar justo cuando toca levantarse para atender otra cosa. Después cuesta recuperar el hilo, recordar por qué una conversación parecía convincente o volver al estado de ánimo de un personaje. Cuando esa interrupción se repite durante meses, deja de ser una anécdota.

Woolf ayuda a comprender por qué el talento necesita oportunidades para desarrollarse y por qué debemos mirar con cuidado las ausencias en la historia literaria. Una habitación propia es una lectura valiosa para quien quiera pensar en estas cuestiones, incluso aunque nunca haya tenido intención de escribir una novela.

Emilia Pardo Bazán: una autora con ambición intelectual

Emilia Pardo Bazán fue novelista, cuentista, ensayista y una figura destacada de la vida intelectual de su tiempo. Defendió la educación de las mujeres y su emancipación, y participó en debates culturales que nos permiten entender mejor la sociedad española de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Al acercarnos a una autora como ella, resulta tentador concentrarnos en los obstáculos que encontró. Es necesario conocerlos, aunque su presencia en este recorrido se explica también por la calidad y la amplitud de su trabajo. De lo contrario, corremos el riesgo de dedicar más atención a quienes intentaron limitarla que a lo que ella consiguió escribir.

Los pazos de Ulloa es una de las obras fundamentales para conocer su narrativa. Su lectura nos lleva a un mundo de relaciones de poder, tensiones sociales y personajes condicionados por el entorno, donde el paisaje y los espacios participan en la atmósfera de la historia.

También merece la pena acercarse a sus cuentos, especialmente cuando buscamos una lectura que pueda completarse en una tarde. Un relato permite observar con mucha claridad cómo una escritora elige un detalle, presenta un conflicto y conduce al lector hacia un desenlace que cambia el sentido de lo anterior.

Gabriela Mistral: la poesía que se queda con nosotros

Gabriela Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura en 1945. Ese reconocimiento ocupa un lugar importante en su trayectoria, pero para entender lo que una poeta puede significar en nuestra vida hay que dejar a un lado, durante un rato, el currículum y entrar en sus poemas.

La poesía pide una forma de atención a la que quizá no estamos acostumbrados cuando vamos deprisa. Hay textos que necesitan una segunda lectura, un silencio o un momento distinto del día. A veces un poema que apenas nos decía nada termina encontrándonos meses después, cuando hemos vivido algo que cambia nuestra manera de escucharlo.

Obras como Desolación y Tala forman parte del legado de Mistral y permiten acercarse a una voz que no conviene reducir a unas pocas frases compartidas en redes. Leer un poema completo, atender a su ritmo y ver cómo se relacionan sus imágenes ofrece una experiencia muy diferente.

En una celebración de las escritoras también debe haber espacio para esa lectura pausada. No todos los libros se disfrutan avanzando páginas; algunos nos piden quedarnos un poco más en la misma.

Carmen Martín Gaite: las vidas que suceden entre conversaciones

Hay novelas en las que parece que estamos escuchando detrás de una puerta, siguiendo una conversación de sobremesa o acompañando a alguien mientras recuerda. Esa cercanía puede hacernos olvidar el trabajo que requiere construir una voz capaz de resultar natural y, al mismo tiempo, contar mucho más de lo que dice expresamente.

Carmen Martín Gaite es una de las grandes narradoras españolas del siglo XX. Su obra abarca distintos géneros y se desarrolló en un contexto en el que las escritoras de su generación tuvieron que afrontar tanto la censura de la posguerra como dificultades específicas para lograr reconocimiento como mujeres.

Entre visillos es una buena puerta de entrada para pensar en las expectativas que rodean a las jóvenes y en la distancia entre lo que desean y lo que su entorno considera adecuado. El cuarto de atrás ofrece otra forma de acercarse a la memoria y a la narración.

Su presencia en este recorrido me hace pensar en todas las cosas que una persona puede decir mientras aparentemente habla de otra. Una pregunta sobre una boda puede esconder preocupación, control o curiosidad; un comentario cotidiano puede revelar una vida entera de costumbres. La literatura nos enseña a escuchar esos matices y a reconocer que también ahí suceden historias.

día de las escritoras

Ana María Matute: tomarse en serio la imaginación

Ana María Matute recibió el Premio Cervantes de 2010 y, en su discurso, reivindicó la invención y el vínculo con las historias que había nacido en su infancia. Esa defensa de la imaginación forma parte de una manera de entender la literatura que merece ser recordada.

A veces hablamos de imaginar como si fuera una actividad de la que hubiera que disculparse al llegar a cierta edad. Sin embargo, inventar un mundo exige tomar decisiones sobre sus reglas, sus conflictos y las vidas que lo habitan. El lector acepta entrar en él porque encuentra algo que le interesa, le inquieta o le permite comprender una experiencia desde otro lugar.

Primera memoria y Olvidado rey Gudú muestran posibilidades distintas de su narrativa. Elegir entre una u otra dependerá de lo que busquemos como lectores, pero ambas ayudan a percibir la amplitud de una autora a la que no conviene encerrar en una sola definición.

Me interesa especialmente esa libertad para construir una obra propia, incluso cuando no resulta fácil resumirla en una etiqueta. Como lectores, agradecemos encontrar voces reconocibles; como escritores, sabemos que descubrirlas requiere probar, corregir y aceptar cierta incertidumbre.

Toni Morrison: ampliar las historias que leemos

Toni Morrison recibió el Premio Nobel de Literatura en 1993 por una obra cuya fuerza narrativa y poética dio vida a una parte esencial de la realidad estadounidense. Novelas como Beloved y Ojos azules forman parte de una trayectoria que situó las experiencias afroamericanas en el centro de su escritura.

Incluirla en esta selección también permite plantear una pregunta sobre nuestras propias lecturas: ¿hasta qué punto conocemos experiencias diferentes de las nuestras? A veces elegimos libros buscando una emoción familiar, algo perfectamente comprensible, pero también puede ser valioso acercarnos a historias que no nos permiten acomodarnos tan deprisa.

No todo personaje tiene que parecernos cercano desde la primera página. Podemos necesitar contexto, sentir desconcierto o descubrir que nos faltan herramientas para comprender una decisión. Ese esfuerzo forma parte de la lectura y puede dejar una huella más duradera que el reconocimiento inmediato.

Hablar de mujeres escritoras exige recordar, además, que no existe una experiencia femenina única. La procedencia, la clase social, el racismo y las circunstancias históricas influyen en las vidas y en las oportunidades. Leer autoras distintas nos ayuda a tratar esas diferencias con la atención que merecen.

Isabel Allende: memoria, vínculos familiares y Premio Planeta 2026

Isabel Allende ocupa un lugar destacado en la literatura en español por una obra en la que aparecen de forma recurrente las mujeres, la memoria y la relación entre las vidas personales y la historia. La casa de los espíritus es una de sus novelas más conocidas y una referencia para acercarse a ese universo de vínculos familiares y recuerdos que atraviesan generaciones.

Su trayectoria suma ahora una noticia de plena actualidad: ha ganado el Premio Planeta 2026 con La hora antes del alba, una novela que retoma la historia de Alba y continúa el universo de La casa de los espíritus.

El reconocimiento ofrece una ocasión para volver a sus libros y observar cómo una historia familiar puede ayudarnos a pensar en asuntos que van mucho más allá de una sola casa. En cualquier familia hay recuerdos compartidos, versiones que no coinciden y decisiones cuyo sentido cambia con los años.

Como escritora, encuentro muchas posibilidades en esas diferencias entre lo que ocurrió, lo que alguien recuerda y lo que otra persona necesita creer. Como lectora, me atraen los personajes que intentan comprender de dónde vienen mientras deciden qué quieren hacer con su propia vida.

Por qué seguimos necesitando leer a las escritoras

Después de reunir estos nombres, me quedan muchas autoras fuera y varias ganas de volver a la biblioteca. Quizá esa sea una buena consecuencia de celebrar el Día de las Escritoras: salir con una lectura pendiente, recuperar un libro que dejamos a medias o preguntar a alguien de confianza qué autora le ha acompañado de verdad.

También me parece importante que podamos leerlas sin la obligación de estar siempre de acuerdo. Una escritora puede ser fundamental y no convertirse en nuestra favorita; un clásico puede interesarnos por sus preguntas aunque algunos de sus personajes nos desesperen. Acercarnos con criterio, discutir y elegir también son formas de prestar atención a su trabajo.

Como autora de novela romántica, sé que detrás de un libro hay muchas decisiones pequeñas que el lector no tiene por qué ver: una escena que se elimina, un diálogo que no termina de sonar bien, una emoción que todavía no ha encontrado su forma. Pensar en las mujeres que escribieron antes ayuda a recordar que los libros que hoy parecen inevitables también fueron, alguna vez, páginas en construcción.

Por eso me gusta celebrar esta fecha hablando de obras concretas y dando espacio a las voces que las hicieron posibles. Cada nueva lectura puede convertirse en una conversación inesperada, y nunca sabemos qué autora va a encontrarnos en el momento adecuado.

¿Qué escritora ha dejado huella en ti y qué libro suyo recomendarías a alguien que todavía no la ha leído?

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